La erosión del suelo y sus repercusiones

César Augusto Gallo Gómez, Alexandro Medina Chena, Óscar Muñoz Jiménez y Rafael Villegas Patraca

Artículo publicado en la Crónica y el Portal Comunicación Veracruzana el 26 de mayo 2022

El ser humano y la demanda de los bienes que requiere para subsistir y llevar una vida plena ejercen una enorme presión sobre los recursos que brinda el medio ambiente, y muchas de estas afectaciones al medio tienen un efecto negativo, el cual es devuelto indirectamente al hombre.

Uno de los procesos o actividades que más daño causan al ambiente es el cambio de uso de suelo, es decir, la conversión de terrenos forestales a zonas de cultivo, potreros, crecimiento urbano, instalación de industria o simplemente la tala para la obtención de maderas, entre otros; que traen como consecuencia la pérdida del hábitat de muchas especies de flora y fauna (Figura 2).

Cuando en las partes altas y medias de las cuencas hidrológicas se presenta un cambio de uso de suelo se origina posteriormente un proceso de erosión, ello debido a que al no encontrarse una cubierta de vegetación que le brinde protección y sustento al suelo, este es disgregado por la acción del viento o la lluvia para posteriormente ser arrastrado, pendiente abajo, por la fuerza de gravedad, es aquí donde se inicia la erosión; misma que se presenta en todo el mundo y que afecta gran parte del territorio nacional, siendo más representativa en algunas zonas del país.

El proceso de erosión del suelo es un fenómeno natural que en condiciones normales mantiene un equilibrio en el medio; sin embargo, como ya fue mencionado, la actividad humana facilita y a su vez acelera la incidencia de agentes erosivos con mayor fuerza, con lo que se multiplica este fenómeno.

El proceso erosivo consta de tres fases: la primera es el desprendimiento de las partículas del suelo, mientras que la segunda la constituye el transporte de dichas partículas por la acción del agua (escurrimiento) o el viento; cuando disminuye la energía para el transporte de partículas del suelo el movimiento cesa, entonces ocurre una tercera fase denominada depósito de partículas o sedimentación. Para que se lleven a cabo todas estas fases es necesario un elemento pasivo que es el suelo, y otro activo, que puede ser el agua, el viento o su intervención combinada; de tal manera que la vegetación puede regular la interacción entre ambos elementos. Es por ello por lo que los sitios con vegetación densa y mayormente conservada presentan muy poca o nula perdida de suelo. Existen dos tipos principales de erosión: la eólica y la hídrica. 


La erosión eólica, es decir la provocada por el viento, se presenta por lo general en zonas semi-áridas y áridas debido a que son sitios con escasa cobertura vegetal y poca precipitación (slider), dando como origen el transporte de las partículas del suelo por varios kilómetros. Un claro ejemplo de ello (aunque a gran escala e intensidad) son las tormentas de arena, que transportan arena y polvo los cuales previamente fueron erosionados por vientos muy intensos.   

Por otra parte, la erosión hídrica es causada por los escurrimientos de agua que se presentan en la superficie terrestre, pudiendo dividirse a su vez en erosión hídrica laminar y en cárcavas. Estos tipos de erosión se producen por el impacto de las gotas de agua sobre el suelo y por el consiguiente arrastre de las mismas en escurrimientos concentrados, teniendo un papel muy importante la inclinación del terreno y la vegetación, ya que dichos factores pueden a su vez frenar o incrementar el proceso (Figura 3).

Un efecto directo de la erosión es la disminución de su productividad (pérdida de nutrientes esenciales), afectaciones en la infraestructura, comunicaciones o salud (transporte de polvos), deterioro de sus propiedades físicas, pérdida de profundidad y en casos extremos la pérdida total del suelo (deslizamientos de laderas); así como también la sedimentación en los ríos, lagos y lagunas; por lo que con el paso del tiempo se reduce la capacidad de almacenamiento del agua, dando origen a desbordamientos y por consiguiente inundaciones.

Es por estas razones que es de vital importancia proteger al suelo, ya que es un recurso imprescindible para el ser humano y para el sostenimiento de la vida, pues su perdida trae consigo un sinnúmero de afectaciones las cuales repercuten directamente en la vida y actividades del ser humano.